Lunes, 25 de Octubre de 2010 11:14
 

Un HÉROE anónimo

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Tomás Calero es un hombre sencillo. Tiene un carácter afable, es un tipo agradable y educado en su relación con los demás. Es un profesional que no hace demasiado ruido, que sabe estar donde tiene que estar y que tiene el don de pasar casi desapercibido cuando no tiene por qué ser el protagonista.

Su talante algo‘pasota’ (en el buen sentido de la palabra), y su postura siempre servicial para con el resto (me refiero a los medios de comunicación en este caso) le han hecho ser un tipo querido y valorado por la gente que trabajamos habitualmente cerca suya.

Como digo, Tomás puede parecer un tío de lo más normal, pero bajo esa coraza de indiferencia con la que sabe revestirse, se esconde un genio. Yo empecé a darme cuenta de ello el día en el que accedió a recibirme (como cada vez que lo he necesitado) en su consulta de Fremap para ver si me podía tratar de una lesión que me produje jugando a la pelota (mejor dicho, intentando jugar a la pelota). Hasta entonces, yo no era consciente de la labor que realizaba el galeno del Betis cuando se quitaba la camiseta de las trece barras. En un pasillo de espera me encontré hasta con siete pacientes de Tomás, que andaban esperando a su doctor para comenzar un nuevo día de tratamiento. Todos ellos, personas infartadas a las que la vida les había dado una nueva oportunidad tras un susto casi de muerte y que ahora se ponían en manos del doctor Calero para recuperar la calidad de una vida que casi habían llegado a perder por completo. Hablando con ellos me di cuenta de quién era realmente Tomás Calero. Su labor en la rehabilitación de estos pacientes es encomiable. Quedé maravillado con el trato de cariño, casi fraternal que dispensaba a todos ellos (normalmente gente de mayor edad que él) y con la respuesta de los convalecientes en cuyos gestos se podía leer perfectamente el respeto y la admiración por su médico. En la pared del despacho de Calero, como ejemplo para todos los demás que han sufrido contratiempos cardíacos y a los que se les hace cuesta arriba la rehabilitación, se puede ver una foto de un señor de más de setenta años que tras sufrir varios infartos y estar muy cerca de reunirse con San Pedro, fue capaz de correr hasta una maratón tras pasar por las manos del doctor del Betis. Cuando alguno de ellos flaquea sólo tiene que echar un vistazo a la pared para darse cuenta de que con el ‘doctor milagro’ todo es posible.

Esta es, en definitiva, la vida de Tomás Calero. Un hombre dedicado a curar corazones, si lo prefieren en un tono más poético, un hombre dedicado a alegrar corazones rotos.

 

Lo ocurrido en Salamanca fue trágico, pero al mismo tiempo un regalo del cielo. Un regalo del cielo para Miguel García que en banquillo rival estuviera sentado un genio capaz de reaccionar en tan sólo segundos ante lo que era una muerte segura. Calero, siempre en un segundo plano, supo, nada más ver como caía el jugador rival, que era el momento de que él tomara las riendas del asunto, de ser el protagonista de esta película de terror y suspense que se presentaba por delante. En dos minutos eternos, Calero fue capaz de abrir una vía respiratoria y de hacer volar por dos veces un corazón que se había parado. Estabilizó  un paciente que llegó a estar muerto y le devolvió la consciencia para mandarlo al hospital y darle una nueva oportunidad de vivir. Tomás no fue consciente de lo que había logrado hasta que todo terminó. Tan grande fue su estado de shock que ni siquiera le quedaron fuerzas para festejar el triunfo de su Betis. Cuando el árbitro pitó el final, se quedó sentado en el banquillo, callado, seguramente pensando en que el gol del partido lo había metido esa mañana Miguel García, y que él mismo era el que le había dado la asistencia perfecta. Mientras Emaná, Rubén Castro, Kanouté, Luis Fabiano, Pelé o Maradona salen o salían a hombros de los campos de fútbol Tomás lo hizo despacito y por su propio pie.

Por lo de Salamanca y por lo de todos los días, sepan ustedes que cuando vean salir al médico del Betis al campo de fútbol a echarle un poco de Reflex a un futbolista en una pierna, o cuando se lo crucen dando unos palos en cualquier campo de golf que ustedes frecuenten o cuando lo vean cruzar una calle cualquiera, repito, sepan todos ustedes que se encuentran ante un auténtico héroe, ni más ni menos.

 

Comentarios (4)add comment
gazapillo: pero que mal escribes, Ocaña.
No me canso de decirlo. Parecen redacciones de colegio de curas.
Vaya nivelito.
Que no hayas corregido todavía la presentación del blog, tiene guasa.
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noviembre 04, 2010
PRINGAETICO86: ...
Al doctor Calero decirle que es un pedazo de profesional.
Pero a ti Ocaña decirte que eres un aprovechado para caer bien.
2

octubre 28, 2010
PRINGAETICO86: ...
B U H O
B U H O
B U H O
B U H O
B U H O
C O B A R D E S
NUNCA NOS OLVIDAREMOS
NO SOIS INFORMADORES, SOIS BORREGUITOS DEL CAPITALISMO
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octubre 28, 2010
mad: gracias
sin comentarios.esta todo dicho.
4

octubre 26, 2010

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