El fútbol hace tiempo que dejó de ser un deporte para convertirse en un espectáculo y, como tal, está dirigido a la obtención de beneficios. Pero debe estar sujeto a unas reglas que deben respetarse, no puede valer todo y para eso existen unos órganos judiciales o administrativos que deben velar por su limpieza. Por eso, cuando se producen casos como la presunta compra de partidos por parte del Hércules, con indicios como mínimo creíbles de la existencia de irregularidades, no se puede correr un tupido velo sin más y esperar que pase el chaparrón.
Existen unas pruebas evidentes que además no han sido obtenidas previa denuncia de parte, sino en el curso de una investigación ajena al deporte, es decir, no hay signos de manipulación de esas pruebas porque no se estaba buscando eso. Esto en cualquier país europeo de nuestro entorno daría lugar a una investigación con todas sus consecuencias. Es cierto que el amaño de partidos no está tipificado actualmente como delito, pero sí es una infracción evidente del artículo 75.1.b) del Código Disciplinario de la Real Federación Española de Fútbol, que dice que “Los que intervengan en acuerdos conducentes a la obtención de un resultado irregular en un encuentro, ya sea por la anómala actuación de uno o de los dos equipos contendientes o de alguno de sus jugadores, ya utilizando como medio indirecto la indebida alineación de cualquiera de éstos, la presentación de un equipo notoriamente inferior al habitual u otro procedimiento conducente al mismo propósito, serán sancionados, como autores de una infracción muy grave, con inhabilitación por tiempo de dos a cinco años, y se deducirán seis puntos de su clasificación a los clubes implicados, declarándose nulo el partido, cuya repetición sólo procederá en el supuesto de que uno de los dos oponentes no fuese culpable y se derivase perjuicio para éste o para terceros tampoco responsables”.
Y el artículo 75.3 dice que “el club directamente beneficiado por las conductas descritas en el apartado 1 del presente artículo, podrá ser sancionado con la pérdida de categoría, en el caso de que pueda demostrarse algún vínculo con los autores de la infracción”.
Como ya hemos dicho, existen, como mínimo, indicios de que este artículo ha podido ser vulnerado. Si el juez encargado del caso no considera posible remitir esas grabaciones por motivos legales y el recurso interpuesto por la Abogacía del Estado no prospera, eso no es óbice para que el C.S.D. y la R.F.E.F. abran de oficio un expediente para llegar hasta el fondo del asunto. Al final, se trata de aplicar la justicia. Si un equipo necesita recurrir al amaño de partidos para ganarlos, no los está ganando donde se debe, en el campo, y está perjudicando a otros jugando con cartas marcadas, hoy Betis y Cádiz, otro día serán otros, incluso le puede tocar al propio Hércules ser el perjudicado. En el mundo del fútbol, como en todos los órdenes de nuestra sociedad hay indeseables y corruptos. Eso ocurre en todos los sitios y no podemos ser tan ilusos de pensar que no es así, los hay en las directivas, los hay en las plantillas y los hay en las aficiones igual que en la política, la banca y en la calle. El mundo del fútbol mueve mucho dinero y la Segunda División es un pozo sin fondo en la que todo parece valer. Evidentemente, ésta no es la primera vez ni será la última en que cosas como estas ocurren pero el que sea difícil demostrarlas o conocerlas no puede significar cerrar los ojos ante hechos dudosos. Y si realmente no ha pasado nada ¿qué problema hay para despejar las dudas e investigar con luz y taquígrafos?
En Italia o Francia no han dudado en descender a equipos históricos como la Juventus o el Olympique de Marsella, pero en España parece que es más cómodo dejar estar las cosas y que nunca pase nada. Ya ha ocurrido recientemente con otros casos que todos conocemos y probablemente ocurrirá ahora. Aunque quien pierde es el fútbol.

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Antonio Ramírez, Licenciado en Derecho y Asesor Fiscal
Inicio esta nueva experiencia agradeciendo a El Desmarque la oportunidad que me concede este medio, joven en edad pero cada vez mayor en prestigio, ganado a pulso en sus años de trayectoria ascendente. Desde esta ventana que se me abre intentaré acercar, con la máxima humildad pero con la máxima ilusión, mis modestos conocimientos jurídicos y fiscales a mis dos grandes pasiones, el deporte y el periodismo, intentando comentar de una manera desenfadada y cercana aquellos aspectos del deporte y del fútbol en particular que puedan ser analizados desde esta óptica.
El fútbol, como todo, está regido por unas normas, que muchas veces tienen una incidencia directa e indirecta en los resultados económicos y deportivos de los clubes. Por eso creo que puede ser interesante analizar las conexiones que surgen continuamente.
Para mí es un bonito e ilusionante reto personal para el que espero estar a la altura, mejorando día a día y esperando que mis ganas y vuestras críticas constructivas me ayuden a crecer y a mejorar.
Gracias por la oportunidad de nuevo a los compañeros y amigos de El Desmarque y gracias, en especial, a la persona sin cuyos ánimos y motivación, no habría dado este paso adelante, pequeño pero especial para mí. Un abrazo.