El año que volvió el baloncesto
Blogs - Manos Arriba
Miércoles, 02 de Junio de 2010 20:27

Uno no sabe a ciencia cierta qué diablos ha pasado en el Cajasol para pasar de mendigar por la ACB a instalarse en la aristocracia del baloncesto nacional. Llegó  Leo Chaves a la dirección general; los galones de la dirección deportiva recayeron por completo en Juan Llaneza con la salida de Oriol Humet y José Luis Mateo; la puerta se abrió de par en par para el subversivo Milisavljevic y el gélido Ignerski; el club dio la bienvenida a un entrenador ambicioso, con ganas de hacer carrera, como Joan Plaza, que se trajo de la mano de Zan Tabak; Diego Ocampo, a quien ponen por las nubes desde las oficinas al parqué, se quedó en Sevilla y no acompañó como ayudante a Pedro Martínez; apareció un base implicado y con calidad, Earl Calloway, después de una temporada gafada en esa posición; Tariq Kirksay fue un mirlo blanco y casi nadie apostaba por el campañón que luego ha hecho; Juanjo Triguero se ha puesto las pilas, sobre todo atrás; Dusko Savanovic se ha destapado como el jugadorazo que demostró en Kazán, con Kirksay de compañero; Andrés Miso ha respondido varias veces saliendo del banquillo; el compromiso de Ty Ellis jugó malas pasadas, por su exceso de estrés, pero también buenas, en defensa y en ataque; Tomas Satoransky y Joan Sastre han hecho un máster acelerado al lado de figuras de la ACB…

En fin, un cóctel en el que hubo paciencia, trabajo y buen ambiente para que echase a rodar el proyecto, pese a los tres primeros guantazos que se llevó el equipo en la Liga, más el fiasco burocrático con Josh Asselin y deportivo con Maurice Ager.

Acaso la falta de experiencia de Chaves, aunque estuviera en el club como consejero hace unos años y como técnico en los inicios de la entidad, haya sido suplida por responsabilidad delegando funciones en quienes sí saben de qué va el tema o incluso su presencia haya hecho que mejorase la relación con las peñas respecto a la etapa del recto Humet. Acaso la sensibilidad en el diálogo, en la psicología para con los jugadores, haya llevado a Plaza a dar con la tecla en Sevilla, donde las excusas de los técnicos venían de fábrica antes incluso de comenzar a competir. Acaso la mano, en el sentido de ayuda, de cierto cajista que no es de la directiva pero sí conoce el mundo al dedillo hiciera que Kirksay y Calloway decidieran firmar por el Cajasol. O acaso Savanovic, aunque sólo sea por el hecho de que acababa contrato, quería garantizarse equipo por varios años y por eso ha rendido como una estrella de la ACB.

Insisto, no tengo ni bendita idea de por qué, pero éste ha sido el año que volvió el baloncesto a San Pablo. Al fin.
 

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La vida te presenta oportunidades cuando menos te lo esperas. Así me tomo yo la propuesta de los compañeros de www.eldesmarque.com. Tardé no más de diez segundos en aceptar su jugosa oferta para incorporarme a la web para dotarla de opiniones sobre el campo que exploto laboralmente desde hace más de una década: el baloncesto.

Con el éxito de la página, a los hechos me remito, y con mi careto sonriente en primera línea de blog, pasaré de ser un auténtico desconocido, un anónimo con todas las de la ley al que pocos ponían cara, a una estrella mediática dada la trascendencia, es decir, las visitas, de esta página con dos años de vigencia y que lo mismo informa de los planes de Monchi que organiza un sarao con premios deportivos de toda índole y con la plana mayor de Sevilla presente en el acto.
No diré, como tantos otros, que me dedico a una especialidad del periodismo deportivo por causalidad. Falso. Quizás mis cerca de dos metros ayudaron a que desde mis comienzos en el extinto Diario de Sevilla hace lo menos 12 o 13 años, soy horrible para las fechas, aunque google me saca del entuerto apuntando que en octubre hará 13, estoy inmerso en el mundo de la canasta.
Durante mi efímero paso por el Sevilla Información, aun tecleando en la sección de Deportes, mis labores fueron otras. Recuperé la plaza cuando Paco Pérez, jefe-padre-amigo en el ABC hispalense, me dio vida en los siete meses que me duró la beca, por aquel entonces en Cardenal Ilundáin y cuando todavía servían cervezas en los periódicos y se podía fumar. Cualquier tiempo pasado…
Gracias a Dios, y a los periodistas de primer rango con los que tuve el placer de trabajar en el ‘tres letras’, a los pocos meses de acabar mi periodo de aprendizaje me llamaron de otro proyecto con buena pinta: el actual Diario de Sevilla. Allí, con el ilustre Manolo Conradi enseñándome que para enterarse de las noticias hay que ir a los sitios, he ido creciendo en lo profesional hasta hoy, salvo una etapa que le puse los cuernos a mi periódico para probar suerte en otras funciones en la edición local de La Razón. Duró lo que un embarazo la experiencia y reculé para volver a mi puesto de antes para alegría de… servidor.
En una ciudad enfervorizada con el fútbol, y el menda es el primero, mi único objetivo es que el baloncesto siga teniendo un poco de hueco en los medios, aunque ya no es lo mismo que cuando empecé y Manolo Aguilar, Ismael Medina, Alejandro Delmás, el citado Manolo Conradi, Nacho Delgado y otro puñado de periodistas disfrutaban de las finales del Caja San Fernando. Hoy, tras los laureles de antaño, llevamos años de sequía, pero el periodista, aquí presente, lucha por revitalizar el erial y convertirlo otra vez en un vergel.
Espero no aburrir y hacer un blog eminentemente divertido.

Juan de la Huerga
 

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